La etapa más difícil de mi niñez fue a los cuatro años, edad a la que ingresé a la única Escuelita del rancho de la abuela. Mi madre me levantaba a las cinco de la mañana pues duraba una hora en bañarme, cambiarme y cepillar mis largos cabellos como si en ello le fuera la vida, me jalaba tanto al trenzarme que he atribuido a eso mis ojos rasgados. Luego me daba el desayuno que consistía en un filete, frijoles refritos y un vaso con leche recién ordeñada y de "lonche" para la Escuela unos tacos y un pequeño refresco de Coca Cola, en ese tiempo nadie hablaba de la alimentación balanceada. Mi abuela poseía un rancho muy grande y próspero, se dedicaba a la cría de ganado, cerdos, guajolotes, gallinas y todo animalito que tuviera pies, ella lo criaba y en eso consistía el menú.
El profesor lejos de intervenir o considerarme por ser la más pequeña o por el favor que mi madre le hiciera al haberme inscrito sin tener la edad para que él conformara su grupo y le dieran su plaza era sumamente injusto y duro conmigo. Tan sólo a la salida, cuando mi madre llegaba a recogerme acariciaba mi cabeza y le decía que yo era una niña muy inteligente, mi madre sonreía y eso me hacía feliz.
Así que CON, SIN Y EN CONTRA DE TODO a los 5 años aprendí a leer y escribir. En el primer verano de las vacaciones escolares, mamá conoció a mi padre adoptivo y todo cambió. Mis padres se casaron, nos fuimos del rancho de la abuela y me cambiaron de Escuela. Para mi segundo año de primaria, el maestro que me tocó era un verdadero ángel. Sus clases "una fiesta del saber" a la que nunca me gustaba faltar. Un maestro con auténtica profesión.
No olvido mi primer desfile. Todos vestíamos de revolucionarios, encabezados por mi maestro, su hermano que también lo era y dos profesores más iban al frente. Mi profesor iba personificando a Emiliano Zapata y así el resto representando a los demás caudillos de la Revolución, montados a caballo. Nunca olvidaré esa mañana. El orgullo con que dirigían el desfile, pero, no fue en ese bello recuerdo donde germinó mi deseo de ejercer la Docencia sino al evocar aquél mi primer año en la Escuela del rancho. Después, ése 20 de Noviembre mientras marchábamos, marcando el paso, vestida como "Adelita”, al contemplar a mi profesor sonriendo, imponente, lleno de orgullo, mientras éramos ovacionados por la gente del pueblo, fue ahí, donde mi deseo se amalgamó y me dije:
"Yo quiero ser maestra, algún día lo seré"
Años después confirmaría mi decisión hacia la docencia y jamás permitir el maltrato a ningún niño que estudiara bajo mi cargo, como había sucedido conmigo.
Si, los niños también sufren, no todo es juego, risas y desbordante fantasía. Es por eso, al abrir las puertas del aula, como maestros debemos procurar darle en esas horas de enseñanza experiencias, gratas, divertidas, que al menos por ese momento olviden lo que sea que se tenga que olvidar, que rían, disfruten, aprendan y su corazón de niño se fortalezca.
Todo ello es en parte el motor que impulsa mis cuentos sobre los oficios y profesiones, necesitamos sembrar en los niños su intención vocacional. Necesitamos profesionistas con verdadera vocación en todas las áreas de trabajo.
Docentes que hagan de sus aulas el mejor espacio de aprendizaje.
No olvidemos que en el futuro nuestros niños llevarán las riendas de la humanidad. Nos corresponde a Padres de familia, Abuelos, Maestros y Educadoras, forjarles con nuestros VALORES una ESPADA DEL AUGURIO para que llegado el momento, ante los embates de la vida, puedan ver más allá de lo evidente y tomar con firmeza y sabiduría las decisiones que se les presenten.
Al nacer, no es llanto sino un grito el que expulsamos, el grito de triunfo ante la vida. Luego entonces, si hemos nacido guerreros y guerreras ¡No nos conformemos con menos...!!!
El profesor lejos de intervenir o considerarme por ser la más pequeña o por el favor que mi madre le hiciera al haberme inscrito sin tener la edad para que él conformara su grupo y le dieran su plaza era sumamente injusto y duro conmigo. Tan sólo a la salida, cuando mi madre llegaba a recogerme acariciaba mi cabeza y le decía que yo era una niña muy inteligente, mi madre sonreía y eso me hacía feliz.
Así que CON, SIN Y EN CONTRA DE TODO a los 5 años aprendí a leer y escribir. En el primer verano de las vacaciones escolares, mamá conoció a mi padre adoptivo y todo cambió. Mis padres se casaron, nos fuimos del rancho de la abuela y me cambiaron de Escuela. Para mi segundo año de primaria, el maestro que me tocó era un verdadero ángel. Sus clases "una fiesta del saber" a la que nunca me gustaba faltar. Un maestro con auténtica profesión.
No olvido mi primer desfile. Todos vestíamos de revolucionarios, encabezados por mi maestro, su hermano que también lo era y dos profesores más iban al frente. Mi profesor iba personificando a Emiliano Zapata y así el resto representando a los demás caudillos de la Revolución, montados a caballo. Nunca olvidaré esa mañana. El orgullo con que dirigían el desfile, pero, no fue en ese bello recuerdo donde germinó mi deseo de ejercer la Docencia sino al evocar aquél mi primer año en la Escuela del rancho. Después, ése 20 de Noviembre mientras marchábamos, marcando el paso, vestida como "Adelita”, al contemplar a mi profesor sonriendo, imponente, lleno de orgullo, mientras éramos ovacionados por la gente del pueblo, fue ahí, donde mi deseo se amalgamó y me dije:
"Yo quiero ser maestra, algún día lo seré"
Años después confirmaría mi decisión hacia la docencia y jamás permitir el maltrato a ningún niño que estudiara bajo mi cargo, como había sucedido conmigo.
Si, los niños también sufren, no todo es juego, risas y desbordante fantasía. Es por eso, al abrir las puertas del aula, como maestros debemos procurar darle en esas horas de enseñanza experiencias, gratas, divertidas, que al menos por ese momento olviden lo que sea que se tenga que olvidar, que rían, disfruten, aprendan y su corazón de niño se fortalezca.
Todo ello es en parte el motor que impulsa mis cuentos sobre los oficios y profesiones, necesitamos sembrar en los niños su intención vocacional. Necesitamos profesionistas con verdadera vocación en todas las áreas de trabajo.
Docentes que hagan de sus aulas el mejor espacio de aprendizaje.
No olvidemos que en el futuro nuestros niños llevarán las riendas de la humanidad. Nos corresponde a Padres de familia, Abuelos, Maestros y Educadoras, forjarles con nuestros VALORES una ESPADA DEL AUGURIO para que llegado el momento, ante los embates de la vida, puedan ver más allá de lo evidente y tomar con firmeza y sabiduría las decisiones que se les presenten.
Al nacer, no es llanto sino un grito el que expulsamos, el grito de triunfo ante la vida. Luego entonces, si hemos nacido guerreros y guerreras ¡No nos conformemos con menos...!!!
“Ser guerrero o la ninfa desvalida,
ser Titán o gitana, es tu fortuna
Simplemente existir ¡Amar la
vida...!!!
sean tu fe y el amor, ésa fuerza
que impulse tu armadura.
Simplemente existir y enamorarme
de la risa de un niño, del paisaje
a la pluma fluida abandonarme...
¡Soy apenas, quien plasma su
mensaje...!!!”














