Los viajes a la sierra con Ricardo, aquello que había empezado como un
sueño, un juramento de ideales, se hacía realidad y han sido lo mejor que la
vida ha podido darme.
Recuerdo un viaje en el invierno que fue
muy duro, con un frío que calaba hasta los huesos, la calefacción de la camioneta difícilmente lograba calentarnos,
el agua nieve apenas permitía vislumbrar
el camino, miles de kilómetros de sierra y desierto, luego desierto y
otra vez campos de sierra, a punto estábamos casi de regresarnos por el mal
clima pero Ricardo era difícil de vencer.
-Venimos de muy lejos ¿Qué
pasará si están las muchachas y no nos ven? no quiero que eso las desanime y
empiecen a faltar…. ¡Hasta la victoria...!-Nos vitoreaba entusiasmado, mientras
tomaba mi mano alzándola al vuelo.
-¡Hasta la victoria!!! -
Contestábamos en coro mientras brindábamos con
Coca Cola y jugos de naranjada.
Efectivamente, tal como lo pensaba
Ricardo, al llegar a la Comunidad, bajo el techo de nuestra improvisada Escuela-enramada,
con sus cuadernos como paraguas, resguardandose del agua nieve, estaban nuestras alumnas. Con la esperanza, el
deseo de superarse y aprender esparcido en sus grandes ojos mientras nos veían
bajar de la camioneta, sus rostros irradiando alegría, creo que nunca antes un
maestro había sido tan esperado.
-¡Auka…!!! * -Les
dijimos, la primer palabra que habíamos aprendido de su dialecto.
Casi al finalizar ese invierno en uno de nuestros viajes tuvimos una
extraña despedida por “Mujer que viene del Mar”.
-“Maestra María, maestra María…Estaba en casa cuando escuché un golpe en la puerta, fue como si
alguien hubiera arrojado una piedra, cuando salí el ave negra estaba posada en
el mezquite, eso es muy malo. Luego usted vino a mi mente y he corrido a
alcanzarla. Cuídese mucho por favor, sea fuerte, necesitará serlo, la
esperaremos, siempre.”
La dulce muchacha no nos habría dejado
partir hasta escucharme decir:
-Esta bien me cuidaré, seré fuerte y
regresaré.
“Pa iboch kiak mtara… Pa iboch kiak mtara…
Pa iboch kiak mtara”*
Fue la respuesta a mis palabras que “Mujer
que viene del Mar” repetía una y otra
vez mientras nos envolvía con suaves
caricias de incienso alrededor nuestro y aún lo decía mientras tomábamos la
carretera bajo aquel límpido cielo.
Creo que nunca antes un corazón partido como el mío había
sentido tanto amor.
Sin embargo, en casa, el mal carácter de
mi verdugo lejos de aminorar con mi dedicación, con mi amor, con mis detalles,
iba en aumento, ahora veía en sus ojos un coraje que me alertaba, su mirada se
ensombrecía y eso era algo que me atemorizaba.
¿Cómo podía llevarme a su reino de
seducción, decirme palabras tan hermosas
al oído y después actuar como si me odiara…?
Luego llegaron las ausencias…Si, las
ausencias de Julián en casa eran cada vez más prolongadas, un perfume distinto
al mío en sus camisas y nuevamente las carencias económicas, eran señales
inequívocas de que vivía algún amorío.
Y sorpresivamente eso era algo que ya no
me importaba. Ya no añoraba la ternura
del amor, ése que con vehemencia quería encontrar en mi verdugo, veía en mi
amigo Ricardo, en mis indígenas, en mis compañeros tan idealistas como yo un amor puro,
dulce como el agua del arroyo que se deslizaba entre aquéllos cerros de verde y púrpura… bello como el
resplandor de los atardeceres que bañaba
nuestros rostros mientras recorríamos kilómetros y kilómetros de carretera.
Glosario:
-Auka:Hola
(Saludo en dialecto PAI PAI)
-Pa iboch kiak
mtara:Hasta pronto y que el gran creador quede con usted (Bendición en dialecto PAI
PAI )












