Dicen que si quieres conocer el alma de un ser humano basta
que veas como trata a los animales, coincido en cierta manera con eso, ya que
también creo es parte de una cultura familiar.
En mi caso soy amante de la naturaleza, quizás porque mi madre, al igual que sus hermanos nacieron
y vivieron los primeros años de su niñez junto a una reservación india, a las
orillas del Río Colorado, frecuentemente sus casas eran inundadas por la
corriente del río así que para ellos era natural ver a las víboras flotando
entre las cazuelas y las mantas. Fue un perrito salvaje, que nunca supieron de
donde llegó quien enseñó a nadar a mi madre a sus apenas cuatro años. La gente
se sorprendía de ver a la pequeña bebé colgada del cuello del animalito
recorriendo las orillas del río.
Si no fuera porque lo escuché de labios de mi abuela, no lo
habría creído.
La abuela cultivaba hierbas medicinales con las cuales curaba
a todos en el ejido, remedios que le habían sido enseñados por los indios.
Comprenderás que la naturaleza y nosotras siempre hemos estados muy ligadas.
En nuestra familia
se ama la naturaleza tanto como a los animales, mi madre les "habla” a sus
flores para que estén felices y crezcan hermosas y yo
"hablo" con Cherry mi perrita, juego con ella acariciándola
cuando me siento feliz, sé que me entiende y me alegra con sus brincos y ladridos,
incluso cuando estoy bajo de una nube gris...la tengo a mi lado, quieta, amiga silenciosa,
hasta que vuelve a filtrarse un nuevo rayo de sol. Créeme ,ella y yo nos entendemos.
Por desgracia no
en todos las familias se inculca, ya no te digo que amen a los animales,
simplemente el respeto a su vida, ya que lo queramos o no, el universo, éste planeta,
es de todos.
Algo que recuerdo
al hablarte de esto es en una ocasión en que por defender a una de nuestras perritas,
vi pasar mi vida frente de mí.
Aquel día, un joven bastante drogado pasó muy cerca de la casa,
“niebla" nuestra perrita hizo su trabajo y comenzó a ladrar, el hombre al
escuchar sus ladridos empezó a lanzarle piedras, justo en ese momento llegaba yo,
al estacionar el auto alcancé a ver como mi hermano José salía molesto, el
hombre le estaba reclamando:
-Porque no callas a tu perra-le gritaba el hombre
-Ladra porque está en su casa, no tienes por qué apedrearla,
guey-Le contestó mi hermano en ese momento mi madre ya había abrazado a
"Niebla" y yo había bajado rápidamente del auto.
-Apedreo la perra porque me molesta y si no te gusta éntrale-el
hombre había abierto sin problema el portón de la casa, sacando una navaja
destinada a atravesar a mi hermano. Con el corazón golpeando en mi pecho corrí
y me interpuse en medio de los dos, a centímetros del arma, pero el hombre
estaba muy drogado y no se detuvo.
-También a ti te llevo por delante-me dijo, entonces, con el
filo marcando mí costado, lo único que se me ocurrió fue decirle a mi
madre:
-No hagas caso a nada mamá, anda y ¡Habla a la policía...!!
Dentro de la poca lucidez que tenía el hombre se alertó y huyó,
y si a mi madre y a mi, nos volvió el alma al cuerpo. Para mí no era la primera
vez que me encontraba en medio de una riña, pero aun así mi madre se asustó muchísimo
tuvimos que llevarla al Médico, por fortuna no pasó a mayores. Se niveló su presión
arterial lo suficiente para regañarnos a mí por haberme atravesado frente al
arma y a mi hermano por no haber cerrado bien el portón y así haber evitado que
el hombre hubiera entrado hasta adentro de la casa. Entonces mi hermano y yo
supimos que mamá ya se sentía mejor.
Al llegar a casa "niebla" nos recibió brincando y ladrando,
jubilosa.
Hombres, virtuosos o sagaces, divinos o perversos, mujeres,
finas damas o intrépidas gitanas, aves, flores, animales, todas y todos formamos parte de
este gran diseño.
Hay momentos en los que creo que quizás nuestros oídos se han
vuelto tan artificiales que no escuchamos... el grito de júbilo con que somos
reverenciados por la madre naturaleza ante nuestro poderío o su callada
tristeza ante la frialdad con la que nos conducimos.
Cada amanecer nos da la oportunidad de florecer...Naturaleza,
hombres y mujeres, Somos incomparable melodía.
Cada amanecer, el universo nos ofrece su belleza,
inclinándose a nuestros pies,
correspondamos pues, brindándole nuestro
tributo de amor, respetando la vida.
ESCUCHA
Escucha...
El versado vaivén
de mi poesía
cuya lira te
nombra sin cesar
un mensaje
de amor ante la vida
y el anhelo
de mi alma al despertar.
Escucha...
la callada
tristeza de los niños
ésos que ves
pasar en el andén
desprovistos
de abrigo y de cariño
¿Qué no
escuchas el hambre de su ser?
Y cuando
veas con pesar
tus
ilusiones perder
es que
precisas caer
para
aprender a volar.
Escucha...
el silencio
del mar y las estrellas
te darán ésa
paz que necesitas
y se
noble,olvidando las querellas
contemplando
el milagro de la vida.
Escucha...
Aves, flores,universo
todo debe
resguardarse
¡Todos
tienen poderío...!!
su vida debe
cuidarse
cual corazón
desvalido.
Y cuando
veas con pesar
tus
ilusiones perder
¡Es que
precisas caer...!!!
para
aprender a volar.