Sé que te
he hablado poco de mi madre, será que recordar lo que vivió y sufrió por mí me
cuesta demasiado, desnudar tu alma o
corazón no es sencillo cuando hay cosas que aún recordarlas te duele y te cargan
de melancolía.
Mi madre sufrió mucho desde su embarazo.
Mi padre biológico la abandonó embarazada. Vivió los señalamientos de una
familia conservadora que la cuestionada y recriminada por haber “fracasado”
como mujer, por no haber sabido “elegir” un buen marido.
Después cuando yo nací, fue aún más duro,
con una niña en brazos trabajando donde podía por conseguirme una lata de
leche, fue una mujer muy bella pero digna, integra, eligió el camino del
trabajo y el sacrificio.
Eran tiempos de agua y aire porque eso era lo único que se
llevaba al estómago para asegurar mi bienestar. Mas nunca perdió su fe en ese
su cansado andar.
Luego cuando casi la vence la vida
aceptó volver al rancho de la abuela, el cual era inmenso…En
el último rincón de la hacienda, los tíos le prestaron un cuarto con lo básico
y ahí estábamos las dos. Un rancho lleno
de prosperidad pero en donde no se perdonaba el “fracasar”.
Eran Tiempos en que cuando mi madre sabía que los tíos o la abuela iban a
ver como estábamos, por consejo de una amiga, horas antes ponía a coser agua
con ajo para que creyeran acabábamos de comer un rico caldo.
Tiempos en que me aleccionaba diciéndome…”No pidas nada a
la abuela, ni a nadie” y como te he
dicho antes fui una niña inteligente y
aprendí desde entonces en que hay un lugar en nuestra mente donde podemos guardar
los secretos grandes y pequeños.
Recuerdo una tarde en el receso de la Escuela dos hombres se acercaron
al cerco llamándome
-Nena…María…
Yo me acerqué pues al fin niña era muy curiosa.
-María, soy
primo hermano de tu padre, hemos venido
de parte de él
Recuerdo que les
respondí
-No , mi
papá murió- Y diciéndoles eso corrí a mi salón.
Cuando mamá llegó a por mí a la salida
los hombres se acercaron a ella.
-¿Cómo estás
Esther…? Eres muy atractiva, que imbécil
fue mi primo al dejarte. Venimos a conocer a la niña.
-Sí, cinco
años después lo han recordado, no los necesitamos váyanse y déjennos en paz
-Toma, es
un cheque…Te ayudará.
Entonces mi madre tomó el cheque y
frente de ellos lo rompió en pedazos alejándome a toda prisa de ahí.
Esa noche cenamos lo que habíamos
desayunado y comido…Avena con chocolate.
Mi madre fue una mujer muy
inteligente, con el don de la curación,una mujer de fe, excelente madre y ama de casa, aún ahora al paso de los años
conserva los rasgos de su atractivo, pudo haber elegido otro camino pero
decidió tomar el más duro, el menos sencillo
y gracias a que conservó su integridad y nobleza, gracias a su valentía Dios le
envió un hombre bueno que la llenó de amor, que le dio su nombre, su vida y
todo cuanto en este mundo construyó.
Si, a veces pasamos tiempos difíciles, por uno u otro motivo, pero
la decisión siempre está en nosotros ¿Hacia dónde vamos? el camino más fácil…Es solo un espejismo, una
trampa que si no ves con claridad te llevará al vacío.
En tiempos difíciles hay que hacer de
nuestro camino, una senda de
trabajo, pasión, ilusiones, y amor a lo divino.
Y como no mencionarte a mi padre, que
cuando yo tenía un mal día me decía “Hija ¡Tú quieres sólo lo
dulce…!!! La vida es un huerto…Toma también de las
frutas amarguitas, así disfrutarás la
dulzura de tus favoritas” Y como siempre, mucha razón tenía mi padre.
RESPLANDECÍA
Muy a pesar del desamor y la traición
muy a pesar de que sintiera naufragar
¡Seguía su ritmo un corazón de tempestad.!
¡Resplandecía…en medio de la mar!!
Frágil navío, perdido sin timón
entre momentos de alegrías y de pesares
¡Seguía su ritmo el corazón de mis cantares….!
¡Resplandecía...en medio de la mar!